Cambio de paradigma para el transporte urbano en CABA

La Ciudad de Buenos Aires definió un nuevo rumbo para el transporte público. A partir de enero de 2027, todos los colectivos nuevos que se incorporen a la flota deberán funcionar con energías limpias, es decir, unidades eléctricas o impulsadas por GNC. Esta decisión, que apunta a reducir las emisiones de CO2 en el ámbito urbano, marca un paso importante en la transición hacia una movilidad más sostenible. Pero también abre un interrogante fundamental: ¿Cuál de estas tecnologías es realmente más conveniente?

La discusión no puede limitarse a lo ambiental. Debe considerar también factores como la autonomía, los costos operativos, la disponibilidad tecnológica y la infraestructura requerida. Por eso, desde Alpes Energy elaboramos un análisis comparativo de las principales alternativas disponibles en el país, diésel, GNC y eléctrico, para aportar datos concretos que ayuden a tomar decisiones informadas.

 

Comparativo técnico: autonomía y costos

A continuación, presentamos un gráfico que resume los principales indicadores de autonomía y costo por kilómetro recorrido estimado para cada tecnología:

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El diésel, que aún domina el parque actual de colectivos, ofrece una gran autonomía (600 a 800 km), pero con costos crecientes (0,45 USD/km) y un mayor grado de contaminación acústica e impacto ambiental. El GNC, por su parte, permite una autonomía intermedia (250 a 300 km) en ciudad, con costos por kilómetro significativamente más bajos (0,25 USD/km) y una reducción sustancial en las emisiones de material particulado, óxidos de nitrógeno y ruido. Finalmente, la electromovilidad representa el estándar más limpio y silencioso, con costos operativos mínimos (0,15 USD/km) y cero emisiones locales, pero enfrenta desafíos importantes en términos de inversión inicial, autonomía (180 a 250 km) e infraestructura de carga.

 

La experiencia con GNC: una solución viable para hoy

A diferencia de los colectivos eléctricos, cuya adopción exige una planificación a mediano y largo plazo, el GNC es una alternativa ya disponible, probada y escalable. En 2024, un Scania operado por el Grupo Metropol en Buenos Aires alcanzó 300 km de autonomía, con un consumo de 0,48 a 0,71 m³/km según el recorrido y la frecuencia de paradas. La carga completa demoró menos de 10 minutos en un surtidor de alto caudal y los resultados fueron contundentes: un ahorro del 50 % frente al diésel, con menores emisiones contaminantes y un nivel de ruido significativamente inferior.

El GNC suma un diferencial competitivo en Argentina: más de 1,7 millones de vehículos ya lo utilizan y existe una red de estaciones de carga que es la más extensa de la región. Esto equivale a más del 11 % del parque automotor activo, entre autos, utilitarios y vehículos pesados. Además de Buenos Aires, ya existen flotas en operación o prueba en ciudades como Rosario, Santa Fe y Junín. La extensa red de estaciones, junto con la posibilidad de instalar surtidores cautivos en las cabeceras, permite expandir esta tecnología sin necesidad de grandes obras de infraestructura.

El país, además, cuenta con una ventaja estructural: el gas natural es abundante y de producción local, impulsado por el desarrollo de Vaca Muerta, lo que asegura disponibilidad y acceso al suministro. A diferencia de otras tecnologías que dependen de infraestructura importada o aún en desarrollo, el GNC ofrece una solución inmediata y sostenible.

 

El rol del eléctrico: objetivo de largo plazo

No hay dudas de que la electromovilidad es el horizonte hacia el que avanzan las ciudades más desarrolladas del mundo. Sus beneficios ambientales y operativos son claros: cero emisiones locales, menor nivel de ruido, menor mantenimiento y costos de operación extremadamente bajos. Sin embargo, en la práctica, su adopción masiva aún enfrenta limitaciones.

La autonomía de las unidades actuales puede resultar insuficiente para líneas de alto recorrido, la inversión inicial por unidad es elevada y la red de carga necesaria todavía no está plenamente desarrollada. En este contexto, la transición deberá ser gradual y complementarse con otras tecnologías de menor impacto.

 

GNC y electricidad: soluciones complementarias

Lejos de ser tecnologías excluyentes, el GNC y la electromovilidad pueden, y deben, coexistir. Mientras se desarrollan las condiciones necesarias para una electrificación más amplia, el GNC representa una solución eficiente, económicamente viable y ambientalmente responsable. Permite avanzar hoy en la reconversión de flotas, aprovechando la infraestructura existente y logrando ahorros significativos.

Además, a futuro, el GNC puede integrarse con biometano producido a partir de residuos orgánicos, lo que abre la puerta a una movilidad aún más limpia y con impacto positivo en la economía circular.

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